BARRANCO DEL INFIERNO

Iniciamos el sendero por un balcón natural con magníficas panorámicas del paisaje. Al otro lado del barranco, las laderas están formadas por coladas oscuras apiladas con capas de almagres rojizos intercalados y numerosos diques verticales que atraviesan toda la formación coronada por Roque Negro. A nuestro alrededor se extiende el cardonal-tabaibal, un matorral de las partes bajas de la isla que en esta zona ha sido colonizado por grandes poblaciones de tuneras. Los cardones son islotes de vida para muchas plantas e insectos endémicos; cuelgan sobre crestas y lomos como candelabros suspendidos en los riscos de las laderas. Cardones, aulagas, cardoncillos, balos, tabaibas dulces y amargas; el recorrido hasta el mirador de La Acequia Larga discurre entre plantas endémicas. Las paredes se adornan con cerrajas, bejeques, líquenes y musgos y se respira el aroma del incienso salvaje, el tomillo y el espliego. Los lagartos escapan espantados y el cernícalo nos deleita con su dominio del vuelo.

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Desde el mirador de La Acequia Larga hay una magnífica panorámica del camino recorrido, con Adeje al fondo. Más allá del mirador, nos internamos en un matorral de grandes tabaibas que se extiende por la ladera hasta Las Cuevas del Marqués. El barranco se va cerrando y la vegetación es más densa y verde; el sendero se aproxima al cauce del barranco. Grandes palos de sangre trepan por la ladera y al fondo se cubre de zarzas, tabaibas majoreras y algunos escobones y almendros. Nos encontramos al pie del imponente Roque de Abinque, una mole de roca que casi tapona el barranco a la altura de La Cogedera.

El barranco gira y se estrecha formando un profundo cañón. Un paisaje abierto y luminoso da paso a otro cerrado de frescor y penumbra. La perspectiva desde la que observamos el barranco y el juego de luces y sombras incrementan el encajonamiento impuesto por la verticalidad, proximidad y altura de las paredes. La gran protagonista, el agua, que fluye por el cauce bajo el sauzal ofreciéndonos un espectáculo de colores y formas al trasluz. Con los sauces encontramos grandes castaños, higueras y plantas típicas de ambientes encharcados, como los berros, la lenteja de agua, los ranúnculos, algunos juncos y mentas. En lo alto se ven sabinas, almácigos y peralillos colgados; sus raíces se anclan en pequeños andenes, grietas y almagres, únicos lugares con una disponibilidad mínima de agua y nutrientes.

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Más arriba aún, las Agujas de Abinque se adornan con imponentes dragos estilizados. El agua rezuma por la roca incorporándose al caudal, y en cada charco se dibuja un sugerente cuadro de transparencias en el que reverbera la luz. Nos aproximamos, corriente arriba, al elemento más impactante del Barranco. El camino se interrumpe bruscamente al pie de una espectacular cascada. Las aguas cristalinas y frías que provienen de la alta cumbre caen en un charco que se desborda camino del sauzal.

El infierno es ahora el Barranco de La Fuente. En las paredes oscuras cuelgan helechos y musgos esmeralda alimentados por el regalo que viene del cielo. Arriba se recorta el perfil de dragos, pinos y cardones sobre riscos secos. Allí están el caserío de Los Picos, el pinar y unas pocas aguilillas cuyo lastimoso reclamo resuena entre las paredes del barranco.


enlaces: www.ayunatamientodeadeje.es ,www.gobiernodecanarias.org/cmayot/espaciosnaturales