MONUMENTO NATURAL DE MONTAŅA TINDAYA

Esculpida por el paso del tiempo y con sus laderas marcadas por el esporádico discurrir del agua, Tindaya es algo más que una montaña que destaca por la belleza de su roquedal, es parte de los mitos y leyendas majoreras desde los albores de su cultura. Los aborígenes de la isla grabaron en las rocas que coronan la sagrada montaña. El valor simbólico de Tindaya se mantuvo tras la conquista, no en vano siempre se consideró como punto de encuentro de brujas y lugar de acceso a lo desconocido.


tindaya

Pero Tindaya se ha hecho famosa a nivel nacional por motivos ajenos a sus valores naturales y patrimoniales; otros intereses y situaciones han convertido esta montaña mágica en un símbolo casi de la discordia económica y también del arte; uno de los más grandes escultores de nuestro tiempo, Eduardo Chillida, encontró en Fuerteventura el lugar que, durante muchos años, había buscado por todo el mundo para realizar la gran obra de su vida. ”Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utopía. Dentro de una montaña crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia”, dice el escultor. Un cubo en su interior de 50m de lado, y dos grandes orificios que permitan ver el sol y la luna desde su interior, han sido el motivo que han hecho saltar la polémica.


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Son muchos los que consideran que la obra de Chillida aportará a Fuerteventura un lugar de honor en el mundo, pero otro amplio sector de la sociedad canaria opina que el valor de su patrimonio es lo que convierte a esta montaña en un auténtico monumento natural.

El empecinamiento de la familia Chillida, la especulación y los políticos canarios, juntos, contra la montaña Tindaya, que se eleva majestuosa, paciente y orgullosa ante nuestros ojos, ante las llanuras erosionadas y ventosas de Fuerteventura. Esperando paciente la decisión de su futuro.